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LA SALA DE ENTRENAMIENTO por Nigel Sutton
(Artículo escrito para San Bao Zhong Ding, South West London)
Traducción de Susana del Valle y Javier Mesa

He entrenado por todo el mundo varias artes marciales diferentes hasta ahora y aunque sus técnicas puedan ser distintas una de las cosas que todas ellas tienen en común es el respeto por el lugar donde se entrena. El título de este artículo, La Sala de Entrenamiento, sería mejor cambiarlo por el de El Espacio de Entrenamiento ya que los primeros practicantes de las artes marciales entrenaban al aire libre. En muchas tradiciones de las artes marciales chinas aún es así, y los partidarios de las artes marciales malayas e indonesias también prefieren practicar al aire libre. Tanto si el lugar de entrenamiento es una sala hecha especialmente para entrenar, como si es el gimnasio de un colegio, un parque público o un claro en la selva, la actitud del artista marcial hacia el lugar de entrenamiento es la misma. Este sitio es el ruedo donde tiene lugar el entrenamiento del cuerpo y de la mente. Un emplazamiento para ser visitado en innumerables ocasiones donde se llevan a cabo los mismos rituales de la práctica, donde el artista marcial suda y a menudo sangra y con el tiempo la energía expandida por el practicante crea un campo especial de energía, de manera que una vez se entra en el área de entrenamiento no importa lo cansado o enfermo que se encuentre, él o ella se sentirá motivado y lleno de vitalidad de nuevo.

En muchas artes marciales en las que se utilizan uniformes de uno u otro tipo, el quitarse la ropa de calle y ponerse la de entrenamiento distingue aún más el sitio donde se usan como un lugar en el que las preocupaciones, las búsquedas, las inquietudes, e incluso los modos de comportamiento de la vida cotidiana se dejan fuera.

En las artes marciales japonesas las normas y reglamentaciones relativas al espacio de entrenamiento están claramente definidas y comprendidas por todos los practicantes. Al entrar o al salir de este lugar se saluda con una reverencia. Al comienzo y al final de las clases se hacen reverencias indicando respeto no sólo por los profesores presentes sino también por los antepasados, a los cuales bien se les podría dedicar un altar.

Muchos de los estilos chinos son menos ceremoniosos pero si hay un altar dedicado al fundador de la escuela o a la deidad asociada en especial a la misma, se muestra respeto de forma individual encendiendo incienso y haciendo reverencias.
Muchos de los estilos de artes marciales en Indonesia y Malasia son enseñados y practicados por musulmanes y hay una serie de prácticas especiales relacionadas con la “apertura” del área de entrenamiento. En este contexto “apertura” se refiere a la preparación  y dedicación del área para el entrenamiento. El profesor o quizás uno de los estudiantes avanzados rezan en el centro del área de entrenamiento y a veces se dirigen también a las cuatro esquinas del mismo para hacer una limpieza ritual antes de empezar a entrenar.

¿Por qué hay una sensación de que el espacio de entrenamiento es de especial importancia?. La respuesta reside en la naturaleza de la actividad que se lleva a cabo allí. Las artes marciales fueron originalmente y en algunos casos todavía lo son, un asunto literal de vida o muerte para los practicantes, por tanto, tenía que engendrarse el estado de ánimo adecuado para una actividad tan importante. Un luchador enfrentando a la muerte en el campo de batalla tenía que cuidarse de desarrollar el modo de pensar correcto para  garantizar que su actitud en la sala de entrenamiento fuera la misma que la requerida en combate. Haciendo que el espacio de entrenamiento sea de alguna forma diferente de otros lugares, el guerrero enfatizaba la necesidad de un modo de pensar diferente en combate del requerido en la vida diaria. Para la mayoría de los practicantes modernos de artes marciales, entrenar tiene poco que ver con la vida o la muerte en el campo de batalla. Para muchos, sin embargo, el propósito de entrenar todavía concierne a la transformación física y mental. A través del entrenamiento buscamos desarrollar y mejorar no sólo la fuerza de nuestro cuerpo sino también la fuerza de nuestro carácter. Luego es completamente adecuado que una empresa de tanta importancia tenga lugar en un espacio dedicado a ese propósito, un lugar que es especial, un lugar donde la mente pueda concentrarse fácilmente en dicho propósito.

Probablemente sea acertado decir que muy pocos de nosotros tenemos una sala de entrenamiento propia pero todos podemos encontrar un lugar donde llevar a cabo nuestro entrenamiento diario. Es importante que volvamos una y otra vez al mismo lugar. Según enseña el Maestro Liang He Ching: “El espacio donde entrenamos es el lugar donde usamos nuestro qi  (energía interna); cada vez que entrenamos dejamos atrás algo de esta energía y tras un largo periodo se crea un campo de energía que mantiene y mejora nuestro entrenamiento.”

Incluso si este área es la habitación que da a la calle o alguna otra parte de tu casa, trata de asegurarte que la habitación está siempre arreglada de la misma manera cada vez que practiques. Ciertamente la preparación de la habitación para entrenar se convierte en una parte importante de la preparación mental para el proceso del entrenamiento mismo.

Procura usar ropa que hayas reservado para entrenar, no tiene porqué ser un uniforme elegante, en algún caso podría consistir en unos pantalones cortos y una camiseta, pero la ropa debe recordarte el propósito de la actividad; éste es el momento del  entrenamiento, especial y diferente de cualquier otro momento.

Antes de empezar a entrenar “abre” el área de entrenamiento, esto puede hacerse meditando durante un corto periodo de tiempo, focalizando, despejando la mente; o si eres religioso mediante la oración en silencio. ¿En qué tienes, exactamente, que meditar o qué vas a rezar?. Bien, en las artes con armas donde se utiliza acero auténtico a menudo se ofrece la oración para que nadie salga herido. La oración podría también pedir para que el aprendiz lo haga lo mejor posible y mejore. El propósito de la meditación debería ser el mismo, centrar al exponente en el aquí y ahora, calmando cuerpo y mente y separándole de las preocupaciones e inquietudes cotidianas.

Ahora ya deberías estar mentalmente preparado para hacer uso de tu área de entrenamiento, es hora de que empiece el trabajo físico. Al final del entrenamiento se debería cerrar el área con otro corto periodo de oración o meditación.

Al crear tu propio espacio de entrenamiento y concentrar la mente en la actividad que tiene lugar allí no sólo mejorarás la calidad de tu entrenamiento sino que también te resultará más fácil mantener un programa de entrenamiento consistente puesto que el espacio de entrenamiento se convierte en una zona de bienvenida donde el estrés y las tensiones del día a día se pueden dejar a la puerta.

Para concluir, me gustaría mencionar que este artículo está inspirado en la maravillosa sala de entrenamiento que mi alumno, Tony Ulatowski, ha creado en su jardín. Estoy, al mismo tiempo, envidioso y feliz por Tony y sus estudiantes. Estoy deseando que llegue el día de reunirme con ellos allí.

 

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